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TRATAMIENTO DE LA HALITOSIS

No sobra advertir que la lectura previa de las causas de la halitosis, contenidas en este sitio Web, es muy importante para el entendimiento y la aplicación del tratamiento.

De gran ayuda para el tratamiento de la halitosis resulta un confidente, alguien cercano a nuestra cotidianidad (compañero/a afectivo, familiar o amigo), a quien de manera desinhibida se le pueda indagar sobre la calidad del aliento que exhalamos. El confidente es de suma importancia, gracias a que con él podemos tener más seguridad sobre los avances del tratamiento, así como poder establecer un método de evaluación que nos permita identificar las situaciones críticas para nuestro aliento (alimentos que pueden impactar, bebidas, hábitos, medicamentos, etc.). Sinceridad palabra clave.

Pautas para el tratamiento de la halitosis

1. Orales

Ya que las mayores causas de halitosis son de origen oral, la primera fuente que debe ser evaluada y tratada es la cavidad bucal. De no obtenerse resultados positivos, se deben evaluar las causas por otros orígenes.

1.1 Higiene oral

Revise sus hábitos de higiene oral.

Limpiar la cavidad bucal adecuadamente puede ser la solución de la halitosis, cuando el problema se origina por esta causa. Un buen aseo de la boca, incluyendo siempre la lengua, previene la proliferación de agentes bacterianos responsables de olores desagradables, enfermedades orales y extraorales, y hasta mejora el sentido del gusto.

La higiene oral, en el tratamiento de la halitosis, se enfoca a la reducción mecánica y química del total de microorganismos de la cavidad bucal. La desinfección debe hacerse en todas las áreas de la boca, pues las bacterias pueden trasladarse de un nicho a otro.

1.1.1 Control mecánico

Este control comprende: el cepillado, el uso del hilo dental y la remoción de placa y del recubrimiento lingual, además de la limpieza de prótesis removibles en quienes las usen. El control mecánico de la higiene oral debe realizarse al mismo tiempo que la evaluación de hábitos que pueden afectar el aliento, como el consumo de algunos alimentos, alcohol y tabaco.

Cepillado

Muchas personas creen que cepillarse excesivamente los dientes puede eliminar el mal aliento. Pero esto no es así, ya que un lavado exagerado producirá sequedad en la boca, afectando la flora oral. Además, puede incrementar la halitosis y dañar los dientes. Además, cepillar los dientes sin el uso del hilo dental y la limpieza de la lengua, facilita que haya lugares donde pueden proliferar las bacterias que lo producen.

Lo recomendable es cepillarse los dientes después de cada comida principal (desayuno, almuerzo y cena). Hágalo sin afán, cepíllese bien con efecto barrido desde la encía hacia el diente.

Hilo dental

La placa es una formación bacteriana que tiene de 1 a 2 mm. de espesor entre la encía y los dientes, y se forma con los restos de alimentos no removidos. Usar el hilo dental y hacerse un cepillado interdental después de cada comida, o como mínimo dos veces al día, evita la formación de placa bacteriana. El hilo se pasa entre los dientes para limpiar las caras internas donde no se llega con el cepillo, siguiendo la forma de la pieza hasta entrar 1 mm. en la encía. Si la encía sangra al pasar el hilo dental, puede haber enfermedad periodontal, que es una de las causas de mal aliento.

Prótesis removibles

Si no se realiza una higiene adecuada sobre las prótesis, se crearán nichos para la proliferación bacteriana. Es recomendable mantenerlas escrupulosamente limpias y evitar usarlas mientras se duerme.

Limpieza lingual

La limpieza de la lengua frecuentemente se descuida al realizar la higiene bucal rutinaria, a pesar de que este órgano es la mayor fuente de halitosis. La remoción de la capa superficial de la lengua reduce significativamente la producción de compuestos sulfúricos volátiles (CSV) que ocasionan olores nauseabundos, tanto en personas sanas como en quienes presentan enfermedad periodontal.

La limpieza de la lengua, realizada de una manera cuidadosa y efectiva, debe formar parte de la rutina diaria de higiene oral. La anatomía de la superficie de la lengua no es igual en todas las personas, e incluso, algunas personas no acumulan residuos o lo hacen muy poco. Estas personas requieren poca limpieza lingual. Sin embargo, hay personas que acumulan grandes cantidades de residuos y requieren limpiar la lengua varias veces al día.

El procedimiento para llevar a cabo la higiene de la lengua es sencillo y puede realizarse con el cepillo de dientes o con un limpiador lingual. Debe hacerse de manera cuidadosa para no ocasionar lesiones, pues la lengua es un órgano muy sensible. Se recomienda realizar la limpieza de la superficie de la lengua después de cada comida principal, y hacerlo de la siguiente manera:

1. Sacar la lengua tanto como sea posible, de tal forma que se haga visible la parte posterior de ésta, ya que es allí donde se presenta la mayor acumulación de residuos.

2. Pasar el cepillo o el limpiador lingual, y barrer de adentro hacia fuera, lavando el instrumento con abundante agua antes de pasarlo nuevamente. Repetir la operación varias veces hasta lograr un buen efecto.

Para evitar las náuseas se recomienda sacar la lengua tanto como se pueda y contener la respiración momentáneamente. Es aconsejable usar un cepillo pequeño y hacerlo sin crema dental, pues el sabor a menta sensibiliza la zona de la bucofaringe y aumenta la sensación de nausea.

Algunas personas pueden continuar presentando halitosis de origen oral, a pesar de mantener un régimen de higiene bucal adecuado. En estos casos se recomienda un tratamiento combinado mecánico-químico con el uso de enjuagues bucales efectivos.

1.1.2 Control químico

Los enjuagues bucales pueden ser un buen complemento de la higiene oral, siempre y cuando sus componentes sean efectivos en el control bacteriano. Los enjuagues que contienen alcohol pueden resultar adversos si resecan la boca. Los enjuagues deben usarse después de que la boca esté bien limpia.

Muchas cremas dentales y enjuagues contienen sustancias que sólo enmascaran el mal olor. Pero hay productos a los que se les han agregado agentes antibacterianos como el efectivo cloruro de zinc y el dióxido de cloro estabilizado (CLO2), que neutralizan los compuestos sulfúricos volátiles. Se debe dar preferencia a los productos cuyo principio activo se sustente en ingredientes con poder desodorizante y antibacteriano.

La mayoría de los productos comerciales disponibles en el mercado, incluyendo la Internet, enmascaran el mal aliento temporalmente y no solucionan el problema. Entre estos encontramos enjuagues bucales, dentífricos, rociadores, etc.

1.2 Tratamiento odontológico

Visitar con regularidad al odontólogo, es fundamental para mantener una buena salud oral. Si una persona tiene problemas con su dentadura y sufre de mal aliento, lo primero que debe hacer es consultar al odontólogo; igual debe proceder quien no encuentre mejoría con la rutina de higiene oral y no haya visitado al odontólogo por considerar que su dentadura está sana. Se debe ser explícito en indicar que la razón de la consulta es por halitosis, pues esto ayudará a que el odontólogo realice una exploración minuciosa de la boca.

El odontólogo debe estar en capacidad de identificar las fuentes que pueden ocasionar mal aliento, hacer el diagnóstico y proponer el tratamiento apropiado en los casos de origen bucal. En el caso en que descubra que las causas son extraorales, lo remitirá al médico o especialista correspondiente.

Para tratar los olores bucales es probable que se requiera de una corrección profiláctica. Esto incluye: la eliminación de sacos periodontales, la corrección de áreas de impactación de alimentos y la realización del tratamiento de los tejidos duros y blandos. Un tratamiento odontológico adecuado puede tener como resultado la mejoría en la calidad del aliento del paciente.

Si bien las caries no parecen ser una causa significativa de halitosis, es necesario remover las lesiones cariosas presentes y restaurar la anatomía de los dientes. Las restauraciones con defectos de contorno, se deben reemplazar, al igual que las prótesis fijas o removibles que estén defectuosas.

2. Tratamiento médico

El mal aliento puede ser síntoma de alguno de muchos problemas médicos, tales como: infección localizada en las vías respiratorias, drenaje postnasal, bronquitis crónica, enfermedad del hígado o de los riñones, entre otras. Por esta razón, si el odontólogo determina que tiene la boca saludable y no hay muestras de mejoría con la rutina de higiene oral, lo mejor es consultar con su médico de cabecera o con un especialista para determinar la causa del mal aliento.

Es recomendable también, informarle al médico sobre las acciones realizadas para solucionar el problema de halitosis y explicarle cómo se presenta el mal aliento, si sufre alguna enfermedad, qué medicamento toma, etc.

Para quienes consumen medicamentos que inciden en el aliento, como los antidepresivos, lo más adecuado es contrarrestar uno de los efectos secundarios que producen, como es la xerostomía, ingiriendo abundante líquido y estimulando la producción de saliva, pues es realmente importante evitar que la boca se seque.

Algunas afecciones responden rápido a los tratamientos, favoreciendo la calidad del aliento. En esta situación la halitosis se clasifica como temporal o transitoria. Otras enfermedades de difícil tratamiento y que se prolongan en el tiempo, pueden ocasionar halitosis permanente o crónica. En este caso los remedios paliativos para el aliento son una alternativa.

3. Hábitos

3.1 Alimentos

Los alimentos órgano-sulfurados como el ajo, la cebolla, el repollo y el brócoli, entre otros, y su manera de consumirlos (cantidad, frecuencia, preparación, horarios, etc.), pueden impactar el olor del aliento. Para aquellas personas que los incorporan habitualmente en su dieta y gustan de éstos, se les recomienda evaluar en qué forma los afecta. Una persona de confianza puede acompañarlos en esta tarea.

No todos los metabolismos son iguales, menos la vida social de las personas. En esta medida, entrar a descalificar los alimentos órgano-sulfurados como productores de halitosis, no es oportuno, máxime cuando sus propiedades son benéficas para la salud. Cada quien debe determinar si los consume y de qué manera.

Incluso puede resultar que sean otros los alimentos que causen un mal olor en el aliento, y que algunas fórmulas tradicionales atenúen el olor. En estos casos es fundamental que la situación sea detectada y valorada por un confidente.

3.2 Bebidas alcohólicas

De la misma forma que ocurre con algunos alimentos, la manera en que se consuman las bebidas alcohólicas puede impactar el olor del aliento. Ingerir licor con moderación, acompañado de agua, consumiendo alimentos con anterioridad o durante la ingesta, y con una buena higiene y salud oral, ayuda a neutralizar los malos olores de origen bucal.

El olor proveniente de los pulmones, conocido como tufo, no es de origen bucal. Es resultado del proceso metabólico del alcohol. Su intensidad puede depender de la cantidad de licor ingerido así como del metabolismo de la persona. Cada persona debe evaluar la manera como lo afecta el consumo de alcohol.

3.3 Tabaquismo

A quien el consumo de cigarrillo afecte notoria y significativamente la calidad de su aliento, y por ende las relaciones con su entorno familiar y social, no tienen una alternativa diferente que reducir su consumo o suspenderlo definitivamente. De continuar con el hábito, se recomienda higienizar la boca después de fumar o utilizar algún producto para tratar de enmascarar el mal olor. Sin embargo, ello no garantiza la eliminación del olor a tabaco. Es el fumador quien debe decidir.

3.4 Consumo de café

Diferente literatura sobre la halitosis relaciona el consumo de café con el mal aliento. A este respecto podemos indicar lo siguiente:

Los hallazgos de un estudio realizado por el Departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv, Israel, el cual fue presentado en la Conferencia Internacional Breath, 2009, en Alemania, sugieren, según análisis in vitro con saliva, que el consumo de café reduce la concentración de compuestos sulfúricos volátiles en la saliva. Lo anterior indicaría que el café no produce mal aliento de manera directa.

No obstante, lo que sí puede ocurrir, según referencias anecdóticas (no comprobado científicamente), es que en algunas personas con halitosis, el mal olor se puede agudizar con el consumo de café, y aún más cuando se acompaña con cigarrillos. Algunos atribuyen la situación a que tanto el café como el cigarrillo pueden resecar la boca.

Es importante que cada persona realice una evaluación sobre los efectos que el consumo de café pueda causar en su aliento.

4. Recomendaciones generales

4.1 Halitosis matutina

El mal aliento que presenta casi toda persona al levantarse en las mañanas (halitosis temporal o transitoria), debe entenderse como el resultado de un proceso fisiológico común en el ser humano. Su impacto puede mitigarse limpiando adecuadamente la boca antes de ir a dormir. En una boca aseada adecuadamente, se disminuirá la proliferación de los compuestos sulfúricos volátiles (CSV) presentes en el aliento matutino, los cuales empiezan a desaparecer en la medida que se reanuda el flujo salival.

Para normalizar el aliento se recomienda enjuagar la boca con agua o tomar un jugo, desayunar y, posteriormente, limpiar adecuadamente la cavidad bucal. La limpieza de la boca sin desayunar ni ingerir alimento alguno, no garantiza una buena calidad del aliento.

4.2 Sobre las dietas

Las dietas rigurosas pueden afectar la fisiología del cuerpo humano y manifestar alteraciones en la flora bucal. Los ayunos prolongados pueden arrastrar consigo el mal aliento, aunque se practique una buena higiene oral, ya que se puede presentar la liberación de cuerpos cetónicos. Reducir los intervalos de las comidas y llevar una dieta equilibrada entre proteínas, carbohidratos, frutas y vegetales puede contribuir a evitar la halitosis.

4.3 Sobre los enmascarantes

Muchos de los productos disponibles en el mercado, que se promocionan como efectivos para combatir el mal aliento, no arrojan resultados diferentes al de enmascarar el mal olor.

Para enmascarar un olor lo que se hace generalmente es reemplazarlo con otro más fuerte, usualmente menos desagradable. Sin embargo, tratar de enmascarar el mal aliento con otros olores fuertes resulta poco efectivo. El olor de los compuestos sulfúricos volátiles es, en general, más fuerte que el que emiten los productos usados para enmascarar el mal aliento.

Antes de tratar de enmascarar el mal aliento, se debe evaluar cuáles son sus causas y aplicar los tratamientos que conduzcan a solucionar la halitosis. Sin embargo, los productos para enmascarar el mal olor pueden ser un paliativo en caso de enfermedades sistémicas o de difícil tratamiento.

La tradición confiere a ciertos productos naturales, propiedades para enmascarar y solucionar el mal aliento. Si bien no existe evidencia científica que sustente tal afirmación, cada quien podrá optar por su aplicación siempre y cuando compruebe los resultados. 

La goma de mascar es uno de los productos más utilizados para enmascarar el mal olor de la boca. Su beneficio para la halitosis no radica en sus propiedades odoríferas, pues el chicle es útil para estimular la producción de saliva, que es la que ayuda a oxigenar y limpiar la boca. Masticar chicle permanentemente no es lo más aconsejable para tratar de mantener un buen aliento. Hacerlo ocasionalmente puede funcionar, como en los casos que no es viable limpiarse la boca después de una comida. Sin embargo, lo ideal es enjuagarse la boca con agua para eliminar los residuos de alimentos.

4.4 Oxigenación de la boca

Llevar a cabo cambios en los hábitos que favorezcan la oxigenación de la boca, beneficiará la salud oral y la calidad del aliento exhalado. Ingerir buena cantidad de agua y líquidos diariamente (jugos y limonada natural) favorece la salivación y ayuda a controlar la xerostomía (boca seca). El consumo de frutas en los intervalos de las comidas principales, facilita el proceso de masticación, el cual estimula la producción de saliva, además barre las bacterias y las sustancias nocivas para el aliento.

4.5 Halitofobia

El temor de padecer halitosis, lleva a muchas personas a obsesionarse con el tema. Se da tanto en personas que nunca han sufrido de mal aliento, como en quienes en algún momento lo presentaron. La halitosis imaginaria propicia el consumo excesivo de productos para “enmascarar y tratar el mal aliento”, soportado en la creencia de que la boca huele mal. Esta obsesión puede llevar incluso al automarginamiento social. La persona confidente puede ser de gran ayuda, antes de recurrir a la consulta psicológica.

Debemos entender la halitosis como una situación propia de la naturaleza humana, que en cualquier momento se puede presentar. Así como llega, también se puede ir. Aplique los tratamientos adecuados y dedíquese a vivir.

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